Retrato de Paco Rabadán Aroca a María José Gómez Guillen

-RETRATO EN UN PUÑADO DE PALABRAS Y TRES DEFECTOS-

La conocí allá por el año 2005, y la culpa la tuvo el reducido espacio de mi estudio. Ya era la directora de la Biblioteca de Alcantarilla y aparecí con varias cajas repletas de libros y películas que ya no encontraban acomodo en mis estanterías sin que mis amistades me acusaran de padecer el síndrome de diógenes. Hablamos de mi afición por el cine y la lectura y de lo que entonces eran mis primeros pinitos escribiendo relatos. Le comenté que un año antes uno de ellos había llegado a la última criba de los diez finalistas del concurso Jara Carrillo, de la que ella era secretaria y alma máter. Recordaba —cómo no hacerlo, con su memoria privilegiada— el relato en cuestión, y me invitó a mandarle alguno más para echarles un vistazo. Se congratuló de que hubiera alguien en Alcantarilla que escribiera —en aquellas fechas se publicaban ensayos sobre cualquier tema relativo a Alcantarilla, había algún que otro poeta, pero nadie que se dedicara con seriedad y ansias de publicar narrativa de ficción—. A partir de ese encuentro nació una amistad que llega hasta hoy, y que ha sido imprescindible para recorrer la senda que a un servidor le pusieron delante y que habría sido incapaz de dar un solo paso sin que ella accediera a cogerme de la mano. Los que me conocen bien, saben de este dato. Alabar las virtudes de un amigo entraña el riesgo de la falta de objetividad y asumirlas como una obviedad por quien las escucha. No caeré en esa trampa ni les haré a ustedes perder el tiempo con una crónica tan estéril.

maria José Gómez
María José Gómez Guillen, Directora Biblioteca Municipal

Prefiero hablarles de sus defectos, que conozco tan bien como sus virtudes y seguro que les causará cualquier sensación menos la indiferencia. La pena que me imponga -pueden dar por seguro que la tendré—, me veré obligado a satisfacerla con algún aperitivo o merienda de media tarde —es terriblemente golosa, sintiendo especial devoción por el chocolate en cualquiera de sus formatos—. Vamos pues con tres de sus defectos más destacados:

Primero: María José es perfeccionista. Nada de lo que pase por sus manos puede llevar una traba, por leve que esta sea. Tratándose de una persona que, aunque técnica en la materia, ha dedicado su vida a la literatura, los que nos dedicamos a ella nos resulta agotador y desquiciante. ¿Qué sería del artesano si los productos que fabrica fuesen todos exactamente iguales, sin un defecto que convierta en cada pieza en algo único? ¿Qué sería de la literatura si todos escribiésemos como García Márquez? Pues eso.

Segundo: A pesar de que se lo ha ganado con creces, huye de cualquier protagonismo. Odia que le hagan fotos —no me explico cómo el autor de este reportaje ha conseguido sacarle alguna. Sin duda habrá tenido que pagar un buen precio en productos con chocolate—. La humildad es sin duda, entendida en sentido estricto, una virtud. Pero su figura profesional destaca en tantas materias que resulta un insulto a la historia de Alcantarilla que pase desapercibida. Las razones para soportar este argumento ocuparían diez crónicas como esta, y los que nos movemos en el mundo cultural de la villa lo sabemos bien. En fin, como siempre ocurre en este país ingrato, esperaremos a que se muera para hacerle un homenaje o ponerle su nombre a una calle.

Tercero: Carece de ambición. No se confundan: la falta de ambición sí que es un defecto en toda regla. Recordemos las palabras de Cristóbal Colón cuando la Reina Isabel II lo llamó ambicioso al proponerle su viaje: «Acaso la ambición no se tacha de defecto cuando se es pobre, y de virtud cuando se es rico, Isabelita de mis amores…» o algo así.

La Trastienda2

Es de justicia que una persona como María José medre en su profesión. Quizá la culpa sea de la tecnocracia que envuelve todo lo funcionarial, sumada a esa falta de protagonismo que ella padece. En cualquier caso, personas con la mitad de la inteligencia, experiencia y formación que ella, ocupan puestos de mucha relevancia en instituciones municipales, regionales e incluso nacionales.

Espero no haberme alargado más de lo necesario y haberles aburrido con esta torpe crónica, pero les doy mi palabra de que la mujer de la que trata bien se merece este reportaje que, dicho sea de paso, aprovecho la ocasión para felicitar a su inductor.

Paco Rabadán Aroca

 

*(Artículo publicado en el primer número de  NowCity Magazine, formato impreso del mes de Diciembre-Enero 2018)

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