Miguel Vázquez: Enseñanza, buenos y malos profesores

EÑSEÑANZA. BUENOS Y MALOS PROFESORES

La labor de un maestro, de un profesor, la concibo como algo ideal. Son los que -en gran medida- ayudan a educar social y civicamente a nuestros hijos y a los hijos de los otros. Digo “ayudan”, porque está claro que esa labor, de forma fundamental, se realiza en casa, en el hogar, donde las figuras de autoridad, cariño, protección y respeto deben ser claras, pues serán las pautas a seguir. Volviendo a la labor de los educadores profesionales, ¿Existen mecanismos para medir su labor?, ¿Su comportamiento hacia los alumnos? ¿Su nivel de transmisión de conocimientos? ¿Su corrección en caso de que no sea el correcto? ¿Su reconocimiento por buena labor?. Asumo que aparte de conocimientos en la materia que imparten, deben poseer un alto nivel de conocimientos pedagógicos, lo que no siempre ocurre. Gran cantidad de películas y novelas nos muestran la forma ideal de dominar situaciones conflictivas en las aulas. En estos films suele acabar todo bien. La vida real no es tan fácil.

Recuerdo la maravillosa sensación de asistir a clase de un buen profesor -por suerte he tenido varios de éstos-, ir con ilusión, notar que el profesor se emociona al transmitir sus conocimientos, y más importante, se emociona con tu asimilación de esos conceptos. Su mayor éxito radica en aumentar el interés más allá de lo expuesto en clase, aumentando la curiosidad de sus alumnos. También recuerdo la sensación de hastío al asistir a clase de algún profesor que odiaba estar allí, transmitiendo emociones negativas hacia el enseñar y por ende, al aprender. Lo grave de esta situación es que el alumno no adquiere los conocimientos que debiera. Siendo todos los conocimientos acumulativos, ese profesor en concreto puede provocar el fracaso escolar de más de un alumno por su falta de profesionalidad y de vocación educativa. Ese fracaso escolar, es fácil que se convierta en un fracaso profesional del alumno al llegar a su vida adulta. Hablando con estudiantes de diferentes grados es muy fácil detectar quienes son los buenos y los malos profesores. Únicamente hay que observar el brillo u opacidad en sus ojos al hablar de tal o cual asignatura.

Por nuestro futuro como país, como región, como ciudad, cuidemos la educación -a todos los niveles- de nuestros hijos. No permitamos que algún mal profesional estropee su carrera vital. Mi reconocimiento a los muchos maestros y profesores que realizan su labor de forma correcta, entusiasta y efectiva.

 

Miguel Vázquez

Escritor

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*(Artículo de opinión publicado en el primer número de NowCity Magazine, formato impreso del mes de Diciembre-Enero 2018)

 

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